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miércoles, 14 de marzo de 2012

Novela de un Bufón


"El Bufón", de Christopher Moore

Reseña de Loren

Título original: Fool.

Edición: 352 págs. Ediciones B, 2009 ("Zeta Maxi", 2011).

Traducción: Juanjo Estrella.

Temática: Comedia, tragedia shakesperiana.

Correlación: Independiente.

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Escribir comedia es difícil, o bueno, no más difícil que cualquier género novelístico que se precie. Pero la comedia tiene algo especial, y es que si el lector no consigue sacar una sonrisa al lector con su libro, lo lleva crudo, buena parte del propósito de la novela se habrá ido al traste. Es por eso que el lector también tiene que tener cierta predisposición a leer determinadas obras. Con el humor hay que tener cuidado, existen novelas para todos los gustos, temáticas diversas a mansalva, golpes humorísticos que no congenian con todos los perfiles de lectores posibles. El ejemplo más inmediato es Terry Pratchett con su Mundodisco, la saga de fantasía más alocada del siglo XX (y del siguiente): a muchos les encanta, a unos pocos no les dice nada, y a otros directamente les repele. Por suerte, en mi caso no es así, y digo por suerte porque soy afortunado de disfrutar con todas las novelas del Maestro, con sus más y sus menos, claro está. ¿Pero por qué estoy hablando de Pratchett si tenemos aChristopher Moore en la palestra? Ah sí, porque el escritor norteamericano consigue lo que pretende: entretener y hacer reir. Pero cambiemos rápidamente de tercio y dirijamos la vista a El Bufón, que es lo que importa.

He hecho esta comparación porque El Bufón es una novela que adapta una tragedia shakesperiana al formato de la comedia, y como tal, Pratchett hizo lo propio en otra de sus novelas, concretamente en Brujerías. Para todos los seguidores de ambos escritores, tenemos que decir que El Bufón es a El Rey Lear(el drama shakesperiano que revisa), lo que Brujerías es a Macbeth. Es por eso que esta novela de Christopher Moore la recomiendo encarecidamente a todos los posibles lectores de Mundodisco que estén leyendo este artículo, por sus dotes de locuacidad irrefrenable en los diálogos y su visión paródica del asunto (aunque Moore se toma la obra bastante en serio). Fuera de esto, los interesados en una excelente comedia no deberían perderse El Bufón por absolutamente nada del mundo. Tiene las suficientes papeletas para convertirse en una de las mejors comedias que uno puede llegar a leer, al estilo de las de Tom Stoppard, Douglas Adams o los Monty Phyton. Eso sí, aconsejo una lectura previa del "original" de Shakespeare, El Rey Lear, puesto que las referencias son constantes. No es imprescindible conocer la obra del bardo de Stratford-upon-Avon para disfrutar de El Bufón, pero ayuda bastante a situarse, conocer los tópicos de que adolece el dramaturgo inglés (tres brujas, pócimas de amor, venenos, amores que terminan fatal, drama dividido en cinco actos...). Simplemente, otro nivel de lectura, más enriquecedor. De entre la treintena de obras que he leído del inglés, El Rey Leares una de mis preferidas, junto a otras diversidades como La Tempestad,Ricardo IIIHamletMacbeth o Antonio y Cleopatra.


La historia de El Bufón es sencilla. Básicamente trata de un bufón, que está llamado a cambiar el curso de la historia de Inglaterra gracias a sus artes, que son una labia elocuente, un ingenio afilado y un braguero de espanto. Mero títere del rey Lear de Britannia, el bufón es una figura preeminente que tiene permiso total de criticar o arremeter contra quien le venga en gana (sea duque, caballero, conde, no importa), con la total venia del rey. Pero una locura transitoria del viejo monarca sitúa al bufón de su majestad en una cuerda floja. A partir de ese momento, y siguiendo las pautas de la famosa tragicomedia, asistiremos a una rocambolesca historia donde las situaciones más disparatadas tienen cabida mientras el bufón urde su venganza sobre las malvadas hijas del rey Lear.

Christopher Moore es uno de los autores de comedia moderna más celebrados. Tras de sí se encuentran títulos de auténtico éxito como El Ángel Más Tonto del Mundo¡Chúpate Esa!Un Trabajo Muy SucioLa Sanguijuela de Mi Niña oCordero. Al tratarse de una novela independiente podemos comenzar a leer al autor por El Bufón, de paso nos llevamos a casa una excelente novela sobre la que volcar nuestro tiempo, echarnos unas risas y quedarnos con la sensación de una obra compleja, con un personaje pulcramente trabajado para lo que hubiéramos podido pensar en un principio, y que además homenajea desde bastidores un clásico de la literatura inglesa, con algún que otro anacronismo de por medio. Moore no se corta un pelo a la hora de hacer que sus personajes suelten improperios ni de que hablen del sexo de forma tan impúdica, pero tampoco a la hora de jugar con el dramatismo inherente al tipo de personaje protagonista, ni de saber conjugar ambos extremos para ofrecer al lector una obra deliciosa.

Podéis encontrar el libro editado en tapa dura con sobrecubierta (como la que muestra la imagen del principio), pero también reeditado en la colección "Zeta Maxi", el pasado mes de septiembre, en rústica de bolsillo.

Bufones


Historia y entretenimiento, Juglares y bufones
bufon


Transmisores de historias y fuente de entretenimiento en las grandes cortes. Bufones y juglares son dos de las figuras más conocidas en la historia del mundo de la escena. Eso sí, cada uno por motivos diferentes. 

Transmisores de historias y fuente de entretenimiento en las grandes cortes. Bufones y juglares son dos de las figuras más conocidas en la historia del mundo de la escena. Eso sí, cada uno por motivos diferentes.
El bufón o gracioso se hizo famoso con sus palabras y acciones que convidaban a la risa segura. Sobre todo, ejercían su oficio ante los poderosos, ante las grandes cortes. Su obligación principal era hacerlos reír y asegurar las carcajadas. Su nombre, según algunos historiadores, proviene del bufido que emitían tras soltar alguna de sus gracias. Respecto a su época de actuación, los mismos indican que ejercieron su labor exclusivamente durante la Edad Media. Hay quien apunta a su presencia todavía en la Edad Moderna. Aunque este último dato son sólo especulaciones.
La figura del bufón se introdujo entre los señores y reyes propios de la Edad Media. Estuvieron presentes desde el principio hasta el final de este margen de tiempo. Sirva como ejemplo que Atila llevaba uno en sus andanzas.
Los bufones fueron haciéndose con más presencia en las cortes. Cada castillo tenía el suyo.  Llegaron a adquirir verdadera importancia. Incluso, los historiadores señalan que en Alemania tomaron parte en conspiraciones, en guerras, o fiestas. Algunos de ellos llegaron a ser nombrados caballeros. Kurtz van den Rosen es un ejemplo de esto último. Hay más. Algunos bufones adquirieron títulos de nobleza y bastantes cualidades de hidalgos.
Historia viva
Similares y distintos a la vez. El juglar era un artista. Una persona con multitud de habilidades, pero con un fin claro: entretener a la Europa del medievo. Entre sus funciones estaba la de contar historias. Eso sí, con una clara diferencia con los trovadores, pues los juglares tenían orígenes más humildes.
Otra de las diferencias era que los trovadores eran los artífices de sus propios versos, mientras que los juglares se dedicaban a parafrasearlos en el mejor de los casos. Con todo, hay que agradecerles que se convirtieran en transmisores de la época de medieval.
Así las cosas, fueron también uno de los colectivos más representativos de la época. Llegó a haber tal cantidad en durante el reinado de Alfonso X que fueron motivo de disposiciones particulares y de cuantiosas leyes. En algunas de ellas se les llegó a declarar infames.

Sobre las Coplas del Presidente Evo Morales


¿Bufón o tero?


Las coplas carnavaleras del presidente Morales siguen causando comentarios y respuestas no solamente a nivel nacional, sino internacional. Desde El País, de España, en “Por la boca muere el Evo” (27/02/12) se ha calificado a dichas coplillas de “machistas y de un mal gusto atroz”. Hasta las feministas Mujeres Creando han respondido con coplas como esta: “Señor presidente, yo soy boliviana, me meto a la cama, con quien tengo ganas; Nuestro presidente, bien machista es, a todas las mujeres, humilla cada vez...”.
Difícil esta pedir mesura en Carnaval, menos buen gusto o rimas quevedianas a quienes no lo tienen. Además, las propias aludidas no se sienten ofendidas. ¿Les habrá agradado? ¿Quiénes somos para juzgarlas? Además, basta con escuchar coplas de los Chila Jatun para convencerse de lo realmente vulgar y soez. ¿Alguna feminista se pronunció al respecto? Por el otro lado, ¿los hombres debemos ofendernos con las buenas coplas de Betty Veizaga? Creo que no, es más, nos causan gracia todas esas coplas groseras o buenas; el Carnaval no tiene por qué seguir una ruta apolínea.
Pero como el asunto de fondo más que de sexo es político, a la oposición cualquier cosa le sirve para atacar al oficialismo, aunque tenga que entrar en contradicciones o hipocresía, mientras el populacho se divierte con las coplitas picantes.
El presidente Morales ya tiene acostumbrada a la opinión pública con los disparates que se manda todo el año; el anecdotario de Melgarejo fue superado. Tal parece que disfruta ser atacado porque no se detiene o mide en sus declaraciones. Entre la oposición y el gobernante hay una relación sadomasoquista de diatribas y apasionamiento enfermizo. Pero aun así, no podemos negar que el Presidente dice lo que piensa, sea para bien o para mal.
Incluso WikiLeaks ha hecho referencia sobre la revelación de las tareas de espionaje de una compañía llamada Stratfor Global Intelligence que relata: “Evo dice cosas estúpidas todos los días”. Para algunos, esto no es ninguna novedad que deba ser revelada por un organismo de espionaje. Pero continúa: “Por primera vez, el mundo pudo ver de primera mano lo que es un bufón de cuarto grado de educación. Él no es el mesías y el genio que todo el mundo pregona que es”.
¿Pero si sus acciones fueran intencionadas, como si fueran parte de una estrategia envolvente, como si la oposición estuviera envuelta en lo que él quiere que se ocupen?
El abogado y periodista argentino José Benegas llama a esta estrategia como la “estrategia del tero”. El tero (vanellus chilensis) es un ave que tiene la habilidad de poner huevos en un lugar y gritar en otro, emite un sonido estridente que confunde al depredador, convenciéndolo de que su punto débil esta en otro lugar. En muchos lugares se suele decir “hacer como el tero”, incluso en la obra Martin Fierro, José Hernández escribe: “... los teros, / para esconder sus niditos / en un lao pegan los gritos / y en otro ponen los huevos...”.
Esta estrategia de sobrevivencia de las avecillas puede ser utilizada con astucia por otro tipo de animales, los humanos, más específicamente los presidentes-payasos (como diría Carlos Alberto Montaner), que estarían utilizando esta estrategia para tratar de ocultar los problemas más importantes de sus países para confundir al pueblo y principalmente a la oposición en temas irrelevantes. Desde los cerditos afrodisíacos de la Kirchner hasta la calvicie, la pollofobia de Evo, las locuras cancerígenas de Chávez y la paranoia de Correa pueden ser elementos distractivos de los problemas reales.
Deberíamos estar analizando el estado de la libertad económica, la disminución de la libertad de expresión en los medios de comunicación, la pobreza y los desastres naturales; por qué el poder judicial no trabaja sábados, las nuevas medidas impositivas, normas que respeten la propiedad privada, seguridad jurídica para inversiones, el desastre de las empresas públicas, etc.
 
El autor es abogado

El Dios Bufón de los Aztecas

El Dios Bufón de los Mayas

Historia del Bufón

Historia del Bufón

http://www.luciernaga-clap.com.ar/articulosrevistas/41_bufon.html


.. el loco del medio evo era el bufón, quien por su inteligencia podía decirle la verdad al soberano, 

haciéndolo reír en su propio espejo.

Breve historia del bufón


El Bufón, es un personaje histórico y vigente con licencia para actuar, divertir y burlarse del poder. En el pasado se destacaban por su singularidad física: enanos o deformes, que sabían leer y escribir además de contar con todo tipo de habilidades y gracias escénicas.
Aparece en la fiesta medieval de los bufones, una festividad de año nuevo, y en numerosos cuentos folclóricos, mojigangas y otros festivales. Su vestuario tiene colores brillantes, con campanas y cornetas decorando su gorra o sombrero. 

Pero los bufones no son exclusivos de la Edad Media y comienzos de la Moderna sino que este tipo de seres graciosos y deformes existen desde hace milenios.
En Grecia y Roma ya figuran los bufones haciendo su papel. En Grecia, los atenienses no desdeñaban oír a los más viles bufones en los mismos teatros en que se presentaban a la vista y admiración del público las creaciones de Sófocles y de Eurípides.

En Roma, las obras de muchos autores cómicos y no pocos pasajes de las de Marcial, Séneca y Suetonio confirmadas plenamente por pinturas halladas en Pompeya demuestran el gusto con que el pueblo romano llegó a escuchar a los bufones. La afición a tal tipo de gentes hubo de crecer en Roma a compás que las costumbres se corrompían y que aumentaba el amor al lujo y al desenfreno por la ostentación causando cada vez mayor deleite y siendo buscadas con mayor empeño las monstruosidades físicas, morales e intelectuales: enanos, gigantes, deformes, etc. 

El uso y mantenimiento de los bufones se había introducido entre los señores y reyes de la Edad Media y desde los primeros tiempos de ésta como lo prueba el hecho de que Atila llevaba uno en sus correrías. Cada castillo tenía su bufón y llegaron a adquirir verdadera importancia. 

Se les vio en Alemania tomar parte en las conspiraciones, en las guerras, en las fiestas de aquella época caballeresca, sobrepasando con frecuencia en valor a los más ilustres caballeros. Kurtz van den Rosen, uno de los cómicos de Maximiliano penetra en la prisión de su amo y le salva a fuerza de valor y serenidad. 


El más célebre de todos tanto en Francia como en Italia donde existieron gran número por la fastuosidad de las cortes y su variedad y el refinamiento de las costumbres, fue Triboulet que amenizó con sus gracias la corte de Francisco I de Francia y en cuyas supuestas desgracias se inspiró Víctor Hugo para hacerle protagonista de su trágico drama El rey se divierte sobre el que luego compuso Verdi su Rigoleto.

En España, aún cuando en menor medida que en otros países, hubo también bufones. Aunque siempre fueron mirados con el desafecto natural a una profesión que muchas veces conducía a un favoritismo de baja estofa, germen de malas acciones y hasta de crímenes. Espías públicos de los palacios son los bufones y los que más estragan sus costumbres dijo Saavedra Fajardo en sus Empresas y Quevedo en sus Zahurdas en parte especial y señalada colocó a los bufones. Los bufones de la corte de Felipe IV fueron retratados con singular maestría por Velázquez imbuyéndoles de gran dignidad y porte aristocrático.

Encuentro con Cristina Moreira*

¿Cual es la máscara del bufón?
La máscara del bufón en el proceso de estudio es una caracterización corporal. Es un verdadero disfraz, una gran máscara que oculta la imagen real. Son deformaciones, protuberancias, mutilaciones, rarezas, enfermedades, etc. Es la máscara de todo el cuerpo y a su vez la desaparición de su cuerpo dentro de esa máscara en un cuerpo colectivo. 

Las formas pueden llevarte a un nivel de tanta exageración donde el cuerpo queda fundido con el cuerpo de otro bufón y a su vez con otro bufón, de esta manera se trabaja de forma coral, es decir que ese cuerpo colectivo lo entendemos como un cuerpo coral; pensado en términos de un coro. Es entonces una unidad de volúmenes, a veces de a dos, de a tres o mas. Esto como proceso de búsqueda para la palabra, desarticulando esta individualidad para encontrar una palabra grupal, no la del individuo, sino una palabra gregaria. 

La mascarada del bufón lleva a indagar en esta otra palabra, que es profunda, existencial y misteriosa, desde una experiencia práctica de ejercitaciones teatrales y no solo desde una reflexión teórica sobre los grandes textos donde está también esa palabra. El actor podría escribir su propio discurso (como actor y también como dramaturgo a partir de su reflexión critica sobre la sociedad).


¿Cuál es la diferencia entre el bufón y el clown?
La diferencia no es solamente la apariencia sino que es un camino para llegar a la profundidad de cada uno. Las diferencias serian hacia quien va dirigida la palabra; en principio la palabra del clown va dirigida al semejante que lo mira, puede ser una relación uno en uno, puede ser una relación de un payaso hacia tres o seis personas o un bufete de veinte personas o un gran teatro. 

En cambio el bufón no dirige la palabra hacia dos o un público para ser aplaudido, la palabra del bufón puede no estar representada. Es una palabra de crítica social que podría estar elaborada y escrita y no necesariamente representada.

El clown quiere generar empatía con el público, en cambio al bufón es una palabra gregaria no le interesa ser aplaudido sino que quiere hacer tomar conciencia al público de su reflexión sobre la realidad, es una palabra comprometida. Su palabra es en muchos casos hiriente, le habla al poder que ejercen la iglesia, el gobierno, la economía.

¿Cómo es la personalidad del bufón? 
Es un sabio y tiene la sabiduría de entender a la sociedad pero no la comprende con la idea de dirigirla sino de hacerla ver, hacerla reflexionar. Es misterioso por que busca, estudia, es curioso indaga en aquel pensamiento que la sociedad ignora. Los bufones se comportan para descubrir lo que todavía no fue conocido por la sociedad (bufón filosófico – bufón científico) que existió en la edad media, este es el bufón real y no teatral. Es un bufón que hay que estudiar, que hay que investigar en sus distintas épocas y sus diferentes culturas.

El bufón teatral tiene que reunir la profundidad del trágico, trabajando hacia la profundidad de la tierra, lo oculto, el ángel caído pensamiento nietzcheano lo diabólico y a la hora de representar tiene que conjugar ese pensamiento con un perfil irónico, sarcástico. No tiene que ser trágico específicamente por que sino tendríamos que hacer tragedia. 
Tanto la máscara del clown como la del bufón son máscaras que producen risa pero no necesariamente su discurso es gracioso.


¿Cómo es el discurso del bufón? ¿De qué habla?

Es un discurso aplaudido o apedreado por que es una palabra comprometida como la de Darío Fo. Habla de todo aquello que le inquieta como una verdad aceptada en la sociedad y que nadie se dio cuenta que estaba al revés, de lo que esta estatuido y tiene mal la base, hay un proceso de critica social. La sociedad lo señala como un loco, con ironía, con humor, lo marginan, lo señalan con ese cuerpo deforme que por lo marginal le da derecho al bufón a hablar, estamos hablando en términos de ficción, de los personajes (enano, jorobado, siameses, deformación marcada, deformación estética, etc.), no estamos hablando de los seres reales, sino de los personajes.
La ficción estética genera otros volúmenes corporales, otros cuerpos para estos bufones.
En el Medioevo los deformados, los leprosos que estaban marginados en la sociedad estaban desplazados, alejados de los márgenes de la ciudad y luego fueron convocados como momos, grupo de curanderos, en el sentido esotérico, las características de los momos era que estaban vestidos de animales y eran citados para curar alguna enfermedad real y entre ritualidad y festividad acompañado con esa rareza curaban el mal de estas casas. 

También el bufón gregario fue convocado por el rey como lo plantea la literatura de Shakespeare y la literatura francesa. Es el bufón que tuvo la habilidad para insertarse dentro de la estructura social del poder y funciona como un agudo reflexólogo del poder que ejerce rey en el pueblo sin tener miedo a que le corten la cabeza justamente por que está discriminado por la sociedad por su deformación corporal, desde ahí habla y por eso es sarcástico de palabra libre y pensamiento ácido. 

La ocurrencia del bufón no es ajena al compromiso político-social. El bufón aparece para manifestar, remediar, decir, provocar, denunciar, criticar con sabiduría y humor, para que el poder se ría de si mismo y pueda conocer algo que ignora. De esta manera la sociedad también reconoce y reflexiona. 

El bufón no tiene lugar es marginal. Tiene un pensamiento y una palabra culta que la manifiesta, que la expresa, es decir que tiene una presencia explicita que no espera el fin, no es un linyera. 


¿Existen diferentes tipos de familias de bufones? 
Se llama familia de bufones para entender que vamos a trabajar algo gregario que vamos a interpretar una obra determinada. Moliere por ejemplo.

Lo que hay que aprender en el proceso de aprendizaje es el comportamiento social gregario, compromiso de grupo, de secta, de hermandad, de congregación, no con fin religioso, si no que teatralmente tiene otra función que cumplir que no la cumple el Clown u otro género y en el caso del bufón esta función es un manifiesto crítico sobre determinados poderes establecidos en el momento en el que se propone.

Este tipo de bufón gregario que juega con la mascara de un cuerpo, que indaga en rituales y que es muy visual, muy creativo, gracioso, acrobático, etc. Es el proceso de aprendizaje del cual pueden surgir personalidades destacadas o no. 

Pero cada sociedad, cada pueblo tiene su bufón: Tato Bores y Enrique Pinti en Argentina, en los que se reconoce el espíritu bufo por su manera de expresarse, bufones que son la palabra que el pueblo quiere oír por que hacen reír y a la vez pensar por que tienen actualidad política y social; Darío Fo en Italia y en todo el mundo por que su palabra se hace mundial ya que no solamente habla de lo político-social , sino también de lo religioso, su palabra ha traspasado las fronteras con su obra “Misterio Bufo” y su actividad incesante en la radio con los programas de critica política y social y los subgrupos que tiene y que representan sus obras. 


¿Cómo debe ser el proceso de estudio de este género en la formación del actor?
El bufón es una especialización del teatro, como la tragedia, la comedia del arte, etc. El actor debe buscar su propio bufón como busca su propio clown.

Existen dos factores en esta búsqueda: una es la condición del actor y otra es la condición del grupo para encontrar un código común, el trabajo no es solitario sino grupal. Es semejante con el trabajo del teatro antropológico en el momento de buscar las voces, las formas corporales, se crea una conexión, un código grupal.

Los actores deben prepararse prácticamente, teóricamente, intelectualmente, culturalmente. Indagar en diferentes culturas y fuentes teorías. 
Es importante la preparación cultural de cada actor, para profundizar con su personaje y no que este quede en una mera experiencia acrobática. 

En el taller yo marco algunos senderos, sugiero lecturas de diversas disciplinas, pero también escucho propuestas de los alumnos.
Entonces en primera instancia es un juego gregario, una vivencia coral y en segunda instancia es la proyección y expresión individual del pensamiento.


¿Al bufón lo podemos ver en el teatro y en el carnaval? 
Actualmente no se ve al bufón en el carnaval se lo veía en la edad media. Ahora lo podemos ver en el teatro o en la televisión. (Enrique Pinti, Darío Fo, Tato Bores, etc).
Pero mi propuesta en el taller que estoy dando es unir al bufón al carnaval y a la murga, sin ser los bufones del medio evo. Hacer una representación original.


¿Cuáles son tus proyectos para el 2009?
Nos invitaron del rojas a participar del carnaval con nuestro trabajo de bufón. Es una representación artística, original y carnavalesca desde los bufones. Invitados por Coco Romero. Una ves armado el producto mi deseo es que pueda viajar y hacer intercambio con otros lugares. Una obra de Brecht con “La banda de la risa” para estrenar en mayo. Poner en escena una de las obras que escribí recientemente con un elenco pequeño.
Seguir con el proyecto de carácter popular y también poner obras que yo misma escribo.

* Docente, referente y formadora de las nuevas generaciones de comediantes de nuestro país. Formada en París, en la escuela de Jacques Lecoq , Cristina Moreira inició su carrera artística como bailarina y actriz en Europa en los años 60’, llegó a Francia con la compañía Oper-Collage del Instituto Di Tella y se radicó allí estudiando en profundidad diferentes técnicas teatrales que , a mediados de la década del 80, comenzó a desarrollar en la Argentina. 
El trabajo de Moreira sirvió de punta pie inicial a grupos como El clú del claun , La banda de la risa , 
La pista 4 , Gambas al ajillo y tanto otros que en la pos-dictadura cubrieron de narices rojas los escenarios del off porteño.

Los bufones medievales

Sobre bufones medievales


Los bufones medievales



Bufón bañándose con mujeres, grabado (1541) - Wikimedia Commons
Un complejo personaje de otros tiempos, rico en humanidad y matices: cómico pero trágico a la vez, artista querido u odiado según el caso.
La bufonería no es un fenómeno exclusivo de la Edad Media. Huellas de su existencia se constatan en tiempos y culturas tan dispares como la China imperial, el Japón shogun, o la Antigüedad grecorromana.
Antecedentes del bufón
Es sabido que Bleda, el hermano de Atila, el "Azote de Dios", iba siempre acompañado de un bufón llamado Zerco. Igualmente, muchas obras de autores clásicos como Marcial o Séneca incluyen citas sobre bufones que demuestran su extensión en la sociedad romana. La Grecia antigua contó incluso con una especie de "patrón" de los bufones: el dios Momo.
Personificación de la risa, la burla, la sátira, Momo es habitualmente representado como un arlequín enmascarado, con un palitroque rematado con una cabeza de muñeco burlón, símbolo de la locura -aspecto que evoca, claramente, la imagen preconcebida de los bufones posteriores, medievales-, sus apariciones en los mitos son escasas aunque destacables, por ejemplo como árbitro en ciertas disputas entre Atenea, Hades y Hefestos. En sí mismo, Momo sintetiza a la perfección el carácter general del bufón, como concepto.
Un cómico medieval
La imagen estereotipada del bufón como un clown típico del Medievo, personaje caricaturesco, normalmente feo, deforme o enano, dedicado a la siempre compleja profesión de divertir con sus juegos, acrobacias y chistes, o con su físico -que, por extraño, era objeto de burla-, a su auditorio, los señores feudales y sus cortes, sigue siendo un lugar común. Símbolo de toda una época, la medieval, por más que se sepa que los hubo antes y después (como profesión, perduró en Francia hasta el siglo XVIII, y en Alemania hasta el XIX).
El bufón, cómico o payaso, no debe confundirse con el juglar, si bien pueda parecer que, durante algún tiempo, ambos personajes compartían un modus vivendi similar.
Especialmente, el término juglar (o trovador) será utilizado durante la Baja Edad Media para definir estrictamente a los cantores del llamado amor cortés; poetas itinerantes que acompañaban sus largas narraciones épicas (cantares de gesta), con la música de un laúd, cítara o lira, y de vida nómada, pues se ganaban la vida deambulando de castillo en castillo, de plaza en plaza.
Los bufones, en cambio, solían ser más sedentarios, establecidos en la casa de un señor concreto. Era habitual que cada castillo contara con su propio bufón "de corte", encargado del divertimento de sus amos e invitados, buscando crear un ambiente lúdico o despertar la risa en su público.
Su trabajo no consistía tanto en transmitir un saber acumulado o noticias de lugares lejanos, en forma de relatos épicos -caso del juglar- sino más bien amenizar la velada, entretener, divertir en un amplio sentido, usando todo tipo de recursos: cabriolas, malabarismos, chistes, ironías, burlas -a veces, incluso de los presentes en sus actuaciones-, opiniones graciosas,...
Esto no implicaba que juglares y bufones no emplearan técnicas similares para atraer la atención o el interés sobre sí mismos. Así, no era raro que los trovadores ejecutaran durante sus recitales sorprendentes piruetas, o introdujeran anécdotas humorísticas, destinadas a aligerar el peso quizás excesivamente trágico de sus argumentos principales.
A la inversa, los bufones no dudaban en añadir a su repertorio cancioncillas o poemas, ocasionalmente acompañados por el son de instrumentos musicales pero, en su caso, su habilidad musical no era tan absolutamente indispensable como entre los trovadores.
Del bufón no se esperaba a priori habilidad en el canto o la rima, cosa que sí al juglar. Si gozaba de tales cualidades, mejor; pero en caso contrario, incluso podía resultar más divertido verlo entonar desafinadamente, potenciando el sentido del absurdo.
Esta diferenciación entre bufón y juglar era bastante más importante de lo que podría parecer en principio, pues en ciertos momentos llegó a suponer para uno y otro un elemento de aprobación o reprobación social: cuando Rodolfo de Habsburgo ordenó desterrar a todos los juglares de su corte, su mandato no afectó a su bufón Capadoxo, por lo demás queridísimo por el Emperador.
Bufones cortesanos
El bufón de la corte daba, con su mera presencia y sus actuaciones una nota de colorido, humanidad y alegría a la atmósfera generalmente seria y fría del palacio señorial. Gracias a él, el rígido protocolo se relajaba, las inquietudes del señor o sus allegados desaparecían, o al menos se difuminaban momentáneamente. No había fiesta o banquete que no contara con su bufón, tan indispensable como el vino.
Algunos bufones, especialmente afortunados, gozaron de una alta estima por parte de sus señores, llegando a obtener incluso títulos nobiliarios como hidalgos (como en la corte de Felipe IV; famosos son los bufones enanos retratados por Velázquez), o a servir como consejeros de nobles y reyes. Por tanto, participaban activamente en la vida de su tiempo, no solo en la social (fiestas), sino también en la política, interviniendo eventualmente en conspiraciones o arbitrando en disputas caballerescas.
Esto era algo natural, pues de la boca del bufón solían salir, en forma de ingeniosos chistes o sutiles críticas, aplastantes verdades que, nadie excepto él, era capaz de pronunciar, en medio de un ambiente cortesano plagado de farsantes y aduladores. Esta cualidad, en sí, explica también el afecto que podían sentir los amos hacia sus bufones.
Pero el rol del bufón, situado en un plano liminar entre la sociedad real y otra sociedad más ligada al mundo de los locos o los llamados tontos sabios, lo que les confería amplios márgenes de libertad que nadie más disfrutaba, debían igualmente tener mucho cuidado en sus actos.
Pues lo mismo que decían verdades incómodas camufladas bajo un chiste o ironía, herían sensibilidades y lanzaban afrentas; aconsejaban a sus amos, pero también se burlaban de ellos a veces. Y reírse descaradamente del poder, en un mal momento, podía acarrear desgracias.
Teóricamente, el bufón podía decir lo que quisiera, pues dada su comicidad, se le perdonaba implícitamente todo; pero, una vez desaparecido su protector, o si éste encajaba mal una broma, sobrevenía la calamidad. Célebre es el caso del bufón de Margarita de Navarra, quien, tras vivir largos años de prosperidad junto a su querida princesa, murió triste y mísero, cuando ésta murió.